
Una segunda aparición, se supo, fue hace unos días en las escaleras del palacete municipal. Según versión fidedigna de uno de los correveidile habituales en esa entidad, cuando se produjo la aparición solo estaban presentes el intendente, el encargado de las finanzas y el que sirve los cafés. Ante los boquiabiertos presentes la sagrada visión hizo tronar dos importantes reprimendas. La primera de ellas, como es habitual en éstos, y todos los casos de reunión entre seres "superiores" fue dirigida al noble cafetero, que en el afán de cumplir con las directivas de ahorrar en cosas superfluas, sirve el café aguado y con casi nada de azúcar. La otra tenía que ver con el hecho que en la emisión de los nuevos billetes locales no se tuvo en cuenta hacerlos del color de su manto, agregarle su imagen al lado de la leyenda: "San Francisco" y además se olvidaron que por ley cristiana le corresponde a ella, por intermedio de sus representantes de la curia, el diezmo sobre el total imprimido.

